7.- Equilibrio de color

Como vimos en el artículo anterior, cada fuente de luz tiene una temperatura de color que determina el espectro de luz que emite y que afecta profundamente a nuestras fotografías, provocando dominantes de color que falsean nuestras imágenes. Por lo tanto, cuanto tomamos una, la fuente (o fuentes) de luz debe ser un factor a considerar si no queremos que resulten tintadas con alguna dominante que nos la arruine.

Dominante azulada

Dominante azulada

Cuando utilizábamos películas de carrete, era necesario elegir la película adecuada en función de la luz de la que fuéramos a disponer, por lo que se debía prever o llevar varías películas preparadas para distintas fuentes de luz e ir intercambiándolas. Las más utilizadas eran las de luz día y las preparadas para tungsteno. Como eran muy limitadas, era complicado utilizar fuentes de luz con distintas temperaturas, y si era inevitable estas debían ser corregidas mediante geles de color, aunque esto no era siempre (mas bien casi nunca) posible.

No obstante, en el cambio a las cámaras digitales se obtuvo una ventaja considerable al poder tomar imágenes en formato RAW, con el cual podemos seleccionar la temperatura de color en el mismo instante de la toma e ir modificándola para las siguientes. Incluso a la hora del revelado digital, podemos cambiar dicha temperatura sin que esto afecte a la calidad de la misma. En próximos artículos veremos las particularidades de este formato y sus ventajas.

A este proceso se le denomina balance de blancos, y consiste básicamente en determinar la corrección que debe realizarse a una fotografía para que un objeto de color blanco salga en la misma de ese color y sin ninguna dominante. Por ejemplo, si hacemos una fotografía a una hoja de papel blanca bajo una iluminación de tungsteno (la bombilla clásica de toda la vida), dicho papel saldrá en la toma con una dominante rojiza-amarillenta (dominante propia del tungsteno). Si indicamos a la cámara que la fuente de iluminación que estamos utilizando es tungsteno, ella misma corregirá la toma para que la hoja salga de color blanco, por lo que obtendremos una imagen con tonos naturales.

Las cámaras suelen tener balances de blancos predefinidos y suelen ser los siguientes:

  • Automático: La misma cámara lo corrige y no poseemos ningún control. Es la que suele estar activada por defecto en todas las cámaras.
  • Luz día: Utilizada para fotografías a plena luz del día, con una temperatura aproximada de 5200 grados Kelvin.
  • Sombra: En días muy luminosos a la sombra,  la temperatura de color suele rondar los  7000 grados Kelvin.
  • Nublado: Para días con iluminación difusa procedente de la dispersión de la luz del sol a través de las nubes, con unos 6000 grados Kelvin.
  • Tungsteno: Son las bombillas clásicas incandescentes que hemos usado siempre, con una temperatura media de  3200 grados Kelvin
  • Fluorescente: Iluminación con fluorescentes, con 4000 grados Kelvin aproximadamente.
  • Flash: Iluminación con Flash, muy parecida a la utilizada en Luz día.
  • Personalizado: En el modo personalizado, la cámara nos permite hacer una fotografía a un objeto de color blanco y gris medio y ella misma calculará la temperatura de color a corregir.
  • Temp. de color: No todas las cámaras tienen esta opción, pero con ella podremos indicar la temperatura de color exacta directamente si la conocemos.

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Cuando necesitamos determinar la temperatura de color con bastante exactitud, porque vayamos a fotografías una obra de arte, un catálogo de telas o cualquier otro objeto donde el color final resultante en nuestra imagen deba reflejar de forma fidedigna el original, debemos utilizar una carta de color. Dichas cartas son impresiones de color que han sido calibradas y de las cuales se conocen con exactitud sus . Para pode utilizarlas, tendremos que hacer una toma de nuestra imagen en la cual aparezca la carta y otra en la que no aparezca. Con la primera imagen podremos comparar los colores conocidos que aparecen en la carta con los que aparecen en nuestra imagen, por lo que podremos realizar las correcciones necesarias para que los tonos de nuestra fotografía sean lo más exactos posibles. Este proceso se realizará en el revelado digital con el software específico que utilicemos normalmente.

Cuando se utilizaban cámaras de carrete, al estar los mismos calibrados para una específica temperatura de color, debíamos colocar filtros frente a nuestro objetivo para transformar la luz que llegaba a nuestra cámara. Si teníamos cargado un carrete de luz día e íbamos a realizar una toma en interior, si no colocásemos un filtro nuestra imagen saldría rojiza. Con el filtro eliminábamos esa dominante y obteníamos un resultado muy aceptable. No obstante, con la llegada de las cámaras digitales y el formato RAW, este sistema ha dejado de utilizarse.

Sí siguen utilizándose los filtros en las propias fuentes de iluminación. Si deseamos usar varios puntos de luz, como mezclar flashes con equipos de iluminación continua, estas luces, al tener distintas temperaturas de color, deben ser corregidas para eliminar dominantes, ya que al existir varias temperaturas en la escena, no podremos realizar un balance de blancos correcto para la toma en general.

El equilibrio de color es un tema muy serio a tener en cuenta en nuestras fotografías. Si bien la posibilidad de realizar correcciones en el postproceso ha eliminado la necesidad de ser precavido con nuestras imágenes, es un buen ejercicio considerar el balance en el instante de la toma. Además, hemos dicho que cualquier modificación sobre el balance de blancos en el revelado digital no afecta a su calidad final, pero esto es una verdad a medias, ya que solo es correcto en el caso de tomar imágenes en formato RAW. Si lo hiciéramos en formato JPG (imágenes que ya han sido procesadas por la propia cámara) sólo admitiría correcciones leves, pues al no existir tanta información como en el RAW, esta debe ser extrapolada por el software utilizado, produciéndose una merma considerable en la calidad.

Además, debemos considerar que el balance de blancos tiene como misión conseguir un tono blanco bajo cualquier fuente de iluminación, pero esto no siempre es posible. Cuando una dominante es muy pronunciada, como en una fuente de luz que tiene un filtro rojo delante, nunca conseguiremos obtener un blanco puro, ya que en dichas iluminaciones sólo existe una pequeña porción del espectro de luz visible. En el ejemplo anterior, el filtro rojo no deja pasar a los demás colores, por lo que nos resultará imposible obtener un blanco aceptable, no podremos eliminar esa dominante. Este tipo de situaciones deben ser consideradas en el momento de la toma.

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